Sábado, 01 Mayo 2021 11:47

¡Con los chicos, no!

Ilustración de un  peluche sin el dueño, un niño Ilustración de un peluche sin el dueño, un niño

La violencia infantojuvenil es un problema mundial de salud pública. Incluyen unas series de actos que van desde la intimación, agresiones físicas y sexuales, pasando por el homicidio.

El maltrato infantojuvenil es un problema mundial con graves consecuencias que pueden durar toda vida. Los abusos y la desatención de que son objetos los menores de 18 años, e inclusive todos los maltrato físico o psicológico, abuso sexual, negligencia y explotación comercial o de otro que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidades, confianza o poder. La exposición a violencia de pareja también se incluye a formas de maltrato infantil.

Es así que un estudio internacional reveló que una cuarta parte de todos los adultos manifestó haber sufrido maltratos físicos de niños y 1 de cada 5 mujeres y 1 de 13 hombres declaró haber sufrido abusos sexuales en la infancia. Además muchos niños son objetos de maltrato psicológico y víctimas de desatención.

Se calcula que cada año mueren por homicidio 41.000 menores de 15 años. Está claro que  esa cifra subestima la verdadera magnitud del problema, dado que una importante proporción de las muertes se intentan, y muchas veces se logra y atribuyen a erróneas caídas, quemaduras, ahogamiento y otras causas. Así como el caso de Thiago Fleitas, el niño de 2 años que fue abusado y asesinado en marzo de este año. El menor había ingresado al hospital de Pilar con un cuadro severo. Sus padres habían argumentado que se había ahogado con comida. Sin embargo la autopsia reveló golpes, quemaduras con cigarrillos y fuerte signos de abuso sexual, producidas por Ariel Farias, su padrastro. 

El maltrato causa sufrimiento, estrés y se asocia a trastornos del desarrollo cerebral temprano. A su vez tiene consecuencias en la conducta y la salud mental, como así también a enfermedades de corazón, al cáncer, al suicidio y a las infecciones de transmisión sexual. Casi siempre el perturbador es alguien del entorno familiar del niño o adolescente, lo que lamentablemente complica aún más que entienda lo que está pasando.

Hay varios factores de riesgo: la desigualdad social y de género, un embarazo no deseado, llanto continúo del niño, la dificultad para establecer un vínculo afectivo con el menor, etc. Sin embrago, nada justifica el accionar del adulto y no hay que olvidarse que los niños son las víctimas y que nunca se los podrá culpar del maltrato.

Pese a que hay varios programas de prevención como: las visitas domiciliarias de asistentes sociales, programas hospitalarios mediante los cuales se informa a los nuevos padres del peligro de zarandear a los pequeños y cómo afrontar problemas de llanto inconsolable. Por ejemplo, en las escuelas de argentinas, donde pudieron identificar en charlas de educación sexual que 8 de cada diez niños fueron o son  víctima de abuso sexual.

El mundo, inclusive Argentina está teniendo un problema de maltrato y abuso infantojuvenil y la prevención ayuda y sirve, pero debería tener un enfoque multisectorial, sumado a proyecto en la salud pública, porque mientras se debaten otras cuestiones los niños siguen desprotegidos y padeciendo diferentes atrocidades.

 

 

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