La tranquilidad de un almuerzo en una pizzería del centro de Villa Ballester se convirtió en la última comodidad para un hombre de 81 años. Mientras disfrutaba de su comida, dos personas se acercaron a él y le hicieron creer que eran amigos de su hijo. La confianza en la palabra de los desconocidos resultó ser su mayor debilidad.
Con una facilidad que deja perplejo, la pareja logró convencer al anciano para que les permitiera entrar a su vivienda. Una vez dentro, se dieron a la tarea de buscar y llevarse su valioso tesoro: casi 30 mil dólares en efectivo. El robo quedó registrado gracias a las cámaras de seguridad del lugar.
El caso es un claro ejemplo de cómo la astucia y la confianza pueden ser utilizadas para cometer un crimen. La tranquilidad del anciano se convirtió en una trampa que cayó perfectamente en manos de los ladrones.