Lanús es el municipio con la tasa más alta de seguridad e higiene en todo el Gran Buenos Aires. La realidad es que la falta de fondos y ajustes nacionales obligaron a los productores locales a buscar formas de compensar sus pérdidas mediante tasas adicionales, pero Lanús se despegó del resto con una tasa del 6% sobre la facturación total.
Mientras Lomas de Zamora aumentó su tasa del 2,25 al 2,70%, Lanús se quedó con el récord regional. Esta disparidad en tasas entre vecinos inmediatos significa que cruzar de un partido a otro puede significar pagar menos de la mitad en concepto de seguridad e higiene por la misma actividad.
El problema no son solo los números, sino también la falta de una contraprestación visible para ese esfuerzo tributario. ¿Se justifica semejante presión fiscal cuando no se perciben mejoras tangibles en áreas críticas como seguridad, limpieza urbana o mantenimiento vial?