El festival volverá a reunir en una sola noche a músicos, payadores, bailarines y vecinos en un formato que apuesta al cruce entre tradición y contemporaneidad. En su novena edición, el encuentro —reconocido como un clásico del conurbano sur— se mudará por primera vez al Teatro Cosmopolita de Llavallol, un paso que, según sus organizadores, permitirá ampliar la propuesta sin perder la mística de peña que lo caracteriza desde 2017. La decisión de sostener el festival en un contexto adverso es uno de los ejes que destaca Pablo Juarez Levar, músico y parte de la producción general.
Motivación detrás del festival
“Esta edición particularmente creo que tiene hasta un rasgo épico, teniendo en cuenta el contexto sociocultural y económico tan hostil para estos hechos artísticos”, afirma. Para él, la continuidad del proyecto se sostiene en una convicción compartida: “Que una asociación civil, un grupo de compañeros y muchos artistas tengan la fuerza de hacer un encuentro sin fines de lucro, cuyo fin es simplemente mostrar diversas miradas del arte actual, desde la raíz criolla y el tango, es lo que nos salva y nos hace pensar un futuro mejor”. A lo largo de sus nueve años, el festival se consolidó como un espacio singular. Nació en 2017 impulsado por músicos y gestores culturales que buscaban un encuentro que reuniera expresiones criollas y tangueras sin jerarquías, y rápidamente se ganó su lugar entre las celebraciones regionales.
Trayectoria del festival
En 2019 fue declarado de interés municipal por la Corporación Municipal de Llavallol. En sus nueve ediciones, ha visto cómo el público se convirtió en un corredor de artistas locales y nacionales que ofrecen su arte sin fines de lucro. El festival es un tributo a la comunidad y una forma de mantener viva la tradición criolla.
Proyecciones del futuro
“Esperamos seguir siendo un símbolo de resistencia, donde las artes se mantengan en pie”, concluye Pablo Juarez.