La relación de Mauricio Macri con Juliana Awada llegó a su fin después de más de quince años juntos. La pareja, que se conocía desde 2009 en un gimnasio porteño, había construido una vida compartida marcada por la política y el establishment empresarial. Su boda en 2010 fue un evento destacado en ese entonces.
Durante la presidencia de Macri, Awada se convirtió en una figura central del macrismo, logrando niveles de aceptación pública que a veces superaban a su esposo. Sin embargo, el desgaste había comenzado tiempo atrás y ambos decidieron terminar su relación después de las fiestas de fin de año.
La separación se tomó con antelucidez para proteger el clima familiar, especialmente pensando en Antonia, su hija de 12 años. La pareja optó por mantener la apariencia de una vida familiar normal hasta Navidad y Año Nuevo, cuidando así el equilibrio entre su vida personal y política.
La decisión de separarse se llevó a cabo con extrema reserva, sin generar escándalo ni confrontaciones públicas.