Javier Molina, vecino de Monte Grande, perdió la vista por una enfermedad y encontró en la carpintería una forma de expresión y trabajo.
Javier Molina, un carpintero de Monte Grande, encontró en la carpintería una pasión a pesar de haber perdido la vista a causa de una enfermedad genética.
Carpintería sin vista
“Mis manos son mis ojos”, define Javier, quien reside en Monte Grande. A pesar de su discapacidad visual, logró desarrollar una habilidad especial en la carpintería.
Pasión y trabajo
La historia de Javier es un ejemplo de superación y demuestra cómo la pasión puede superar las adversidades. La carpintería se convirtió en su medio de vida y en una forma de expresar su creatividad.
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