Sábado, 22 Junio 2019 13:37

Bajó la cobertura de vacunas en los últimos años

En los últimos días se conoció el segundo caso de rubéola en la Argentina en lo que va de 2019, una enfermedad que fue eliminada del país en 2009. Se trata de un chico de siete años en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que no estaba vacunado.

En los últimos años, el porcentaje de niños vacunados contra diferentes enfermedades bajó en la Argentina. Es el caso de la cobertura contra la tuberculosis, la polio, la difteria, el tétano, el sarampión, la rubéola y la hepatitis, entre otras, de acuerdo con los datos oficiales de la Secretaría de Salud de la Nación

En el caso de la vacuna quíntuple, que protege contra la difteria, el tétano, la tos convulsa, la hepatitis B y hib y se debería dar a los seis meses, la cobertura en la tercera dosis pasó del 93,9% en 2013 al 88% en 2017 (último dato disponible). La vacuna que combate el sarampión, por otro lado, pasó de una cobertura del 93,6% al 90,2% en la primera dosis, y una de las mayores caídas se registra en la vacuna contra la hepatitis A, que pasó del 97% al 87.5% en esos mismos años. 

La caída en los niveles de vacunación es preocupante, dado que la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es tener a más del 95% de la población de una comunidad cubierta. Los niveles de la Argentina en muchos casos están por encima del 80%, pero hay provincias en las que algunas vacunas sólo llegan al 50% de cobertura, como es el caso de la vacuna para la tuberculosis (BCG) que en Corrientes y Entre Ríos tiene una cobertura del 50,4% y 53,2%, respectivamente. 

Desde la Secretaría de Salud de la Nación reconocen la baja en la cobertura, que atribuyen a diferentes causas, pero destacan que en otros casos hubo un aumento. En una comparación entre 2016 y 2017 muestran algunas mejoras (como el caso de la vacuna triple bacteriana a los seis años, entre otras). La Secretaría destaca también el resultado de las campañas nacionales de seguimiento para la vacuna que protege contra el sarampión, la rubéola y el síndrome de rubéola congénita, con mejoras entre 2014 y 2018, aunque los datos de este último año aún se están procesando y no son públicos. 

“Las vacunas son víctimas de su propio éxito, gracias a ellas desaparecieron enfermedades y eso genera una baja percepción de riesgo, sobre todo en las generaciones más jóvenes que no vivieron las epidemias que se controlaron justamente gracias a la vacunación, entonces pueden decidir no vacunar a sus hijos y eso impacta en forma negativa en los niveles de vacunación”, explicó a Chequeado Carla Vizzotti, directora nacional de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles hasta 2016 y hoy presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE) y consultora de la Fundación Huésped. 

De hecho hay enfermedades para las que es necesario vacunarse, aunque ya no están presentes en la Argentina. Es el caso de la polio, el sarampión y la rubéola. Esto quiere decir que no hay casos que se originen en la Argentina, pero sí pueden llegar del exterior. 

Hay otros factores que influyen, de acuerdo con la especialista. “Las personas tienen otras obligaciones y preocupaciones; existen barreras en el acceso a los vacunatorios; que están abiertos cuando la gente trabaja; la fragmentación del sistema de salud y el desafío de gestionar en un país federal, que hace más compleja la coordinación; el recurso humano es un cuello de botella muy importante -el aumento en la cantidad de vacunas del calendario, que pasaron de ocho vacunas en 2003 a las 20 actuales, no fue acompañado por un aumento en el personal que está a cargo de implementar esta política pública-; la falta de más campañas públicas de comunicación y el rol rector articulador del Estado nacional. A eso se suman los mitos y desinformaciones sobre las vacunas”, afirma Vizzotti. 

Los tipos de vacunas y las edades a las que deben administrarse también influyen en su cobertura, señala Carlota Russ, de la Sociedad Argentina de Pediatría y parte la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn), un organismo técnico que asesora al Gobierno: “Cuando se trata de niños menores a un año, casi todos los meses deben aplicarse vacunas, lo cual puede hacer que una persona se atrase con el calendario. Cuando los chicos son más grande, hay menos controles, y en el caso de las vacunas que necesitan varias dosis hay más posibilidad de que se olviden”. 

“En ese contexto, y con todos los factores que pueden influir, lo que no puede ocurrir, es que cuando una persona vaya a vacunarse o vacunar a un menor a su cargo no haya vacunas, responsabilidad del Estado nacional”, explicó Vizzotti. 

Sobre este tema, integrantes de CoNaIn señalaron en la última reunión con representantes del Gobierno “que la falta de transparencia en la información, sumada a la discontinuidad en la entrega, provoca pérdida de credibilidad y genera decenas de miles de oportunidades perdidas de vacunación”. 

La Secretaría de Salud de la Nación, consultada sobre este tema, admitió que “se han producido faltantes temporarios de algunas vacunas el año anterior (por ejemplo: antimeningocócica, varicela, dpta, las dos primeras con dificultades de los laboratorios productores de la misma) que se han ido subsanando en este año continuando con el compromisos total del calendario de vacunación durante el año 2019, salvo antimeningococo que aún persisten las dificultades en el laboratorio”. 

El desafío de lograr altas tasas de cobertura no es sólo de la Argentina, se han conocido casos en países como los Estados Unidos y en algunos de Europa de brotes de sarampión, que se expandieron por la baja cobertura en ciertas comunidades. “Por eso es importante la voluntad política para avanzar con la vacunación -explicó Russ- para hacer campañas públicas, articular con los colegios y trabajar con la comunidad para generar más conciencia sobre su importancia”. 

Hubo también cambios en los registros de vacunación, lo cual puede influir en la estadística de la caída de cobertura. Por eso se toman los datos desde 2013, cuando comenzó a implementarse un sistema en el que se registra a la persona y su lugar de residencia, en lugar de contabilizar sólo el número de vacunas aplicadas, como se hacía antes.

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