Domingo, 08 Noviembre 2020 18:05

Semana política: El alivio del fin del aislamiento

El Gobierno pudo por fin finalizar la etapa de la cuarentena y presentarlo con la épica que muchas veces le falta a la gestión. El 19 de marzo, el presidente Alberto Fernández y todos los gobernadores del país anunciaron el comienzo del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio.

La pandemia recién había sido declarada como tal, comenzaba a hacer estragos en Europa y estaba lejos todavía de hacer el daño que hizo luego en Estados Unidos y Brasil. La medida, que originariamente iba a ser por 11 días, duró 233 en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Nadie imaginó que duraría tanto, y con el correr de las semanas, una decisión sanitaria pasó a ser política, y una de las banderas del gobierno para mostrar los efectos de un Estado presente frente a uno que apuesta al "sálvese quien pueda".

En el medio, algunas provincias fueron pasando de fase, pero la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano no. Primero porque se esperaba la llegada del pico, y luego porque los casos comenzaron a dispararse. Así, el gobierno tuvo que convivir con la incomodidad de sostener la cuarentena, ya que liberarla implicaba un fracaso, y al mismo tiempo ir cediendo a las cada vez mayores presiones mediáticas, políticas y también sociales para las distintas aperturas. El resultado fue el conocido: Argentina está al momento en los Top 10 tanto en casos como en decesos, números que dejan un sabor amargo si se consideran lo que el país tenía hace cuatro meses.

Pero con el anuncio del presidente de que el AMBA salía del Aislamiento, para su administración terminó una etapa. Y hay varias cosas positivas para rescatar. A diferencia de otras ciudades de Latinoamérica, el sistema de salud de Buenos Aires no colapsó. Cada uno/a de los contagiados que lo requirió fue atendido en los hospitales. Esto se replicó en la enorme mayoría del país, a excepción de localidades puntuales. Para una Argentina que hace un año no tenía siquiera Ministerio de Salud y que goza de un atraso en infraestructura de salud (amén de su loable personal y su robusto sistema), no mostrar las imágenes que otras naciones de la región e incluso del Primer Mundo mostraron (pasillos desbordados, médicos eligiendo a quién dar un respirador), es un mérito del Gobierno.

El otro tiene que ver con la forma en que Fernández encaró la gestión: se la puso al hombro. Ser el vocero (algo que en otros países asumieron los ministros) era fácil al comienzo cuando todo estaba bien. Pero salvo una excepción en la que el mandatario no dio la cara y la cuarentena se extendió mediante un spot (algo reconocido por propios como un error), siempre el Presidente fue el encargado de transmitir una de las peores noticias que puede darle a su población: restringirle la circulación. Si bien su imagen sufrió el lógico desgaste, y muchas de las comparaciones hechas con otros países, con el diario del lunes, puede decirse que fueron apresuradas, la palabra del mandatario fue en todo momento serena, clara y creíble. En un mundo en que los líderes llegaron a hablar de "gripecita" o de tomar lavandina para no contagiarse, no deja de ser positivo.

En el debe quedan, haber cedido en varios de los pedidos apresurados de los medios a abrir algunas actividades antes de tiempo, su no total uso del barbijo en público y haber hablado de una cuarentena que "no existía más" que desalentó al grupo no menor de personas que hasta el momento seguían cumpliendo las normas.

Sin embargo, los meses de aislamiento fueron también un éxito para el estilo de conducción de Alberto Fernández. Si la imagen de Kicillof y Larreta juntos en marzo sorprendió, más lo fue que la relación tripartita se haya sostenido en todo momento. El trabajo conjunto puede ser fácil de proclamar pero no es sencillo de llevar a cabo, y el Gobierno lo puso en práctica en todo momento. Ello le valió plantarse ante muchos pedidos de la Ciudad, criticar públicamente algunas medidas pero también ceder ante otras que no lo satisfacían. Esto, mientras en otros países como Brasil, España o Estados Unidos, los vínculos entre presidentes y gobernadores estallaba por los aires.

La pandemia no terminó y seguirá trayendo muertos, crisis económica y complicaciones en la vida cotidiana. Pero si efectivamente la vacuna llega pronto y los casos mantienen esta tendencia decreciente, el Gobierno tiene la oportunidad de abocarse mucho más a la gestión y poder ir cumpliendo con el programa por el que fue votado. Sabiendo que, en cuanto a manejo de la cuestión sanitaria, puede mirar a los ojos a los y las argentinas.

Por Mateo Lazcano

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