Domingo, 20 Septiembre 2020 16:34

Semana política: El camino más audaz para frenar al dólar

Con el endurecimiento del cepo, el Gobierno decidió atacar el problema de la falta de dólares con una medida arriesgada, pero que muestra su audacia política.

La Argentina sufre el inconveniente de la restricción externa hace, por lo menos, siete años. No es posible precisar cuándo, pero entre la crisis económica de 2008, la abrupta caída en el precio de la soja y la renacionalización de YPF, el país comenzó un ciclo sin variantes de falta de dólares, al tiempo en que las demandas y conquistas sociales, junto a una decisión política de no ajustar, impedían reducir el gasto público.

De esta manera, el diagnóstico para los últimos tres gobiernos fue siempre el mismo, aunque las recetas, distintas, y cada una con sus consecuencias. Fortalecido por su reelección y con una oposición diezmada, la administración de Cristina Kirchner impuso en 2011 un cepo total cambiario.  Así transcurrió su segundo mandato, con quejas ruidosas de la clase media pero con pocas variaciones del dólar. Hubo una sola excepción a ello: la devaluación de enero de 2014, apenas asumido Axel Kicillof, que generó un pico inflacionario y por primera vez, hizo caer el salario real en tiempos K.

Pero aún así, Cristina se despidió del gobierno con un dólar el 9 pesos y una cotización, en el mercado negro, rondando los 13. La teoría del nuevo gobierno fue que era sencillo salir del cepo, porque el precio que regía al mercado era este último, y la devaluación en el tipo de cambio formal no se sentiría en los precios. Fue un claro error: ese enero de 2016 vino con un índice de inflación altísimo, que marcó el comienzo de la gestión Macri. Luego, encontraron facilidades para contener al dólar gracias al endeudamiento externo que aumentó la oferta. Hasta que llegó abril de 2018.

La historia de dicho año es conocida: de 20, la divisa estadounidense pasó a los 40 pesos. Una devaluación masiva dicha y hecha, que pulverizó las expectativas inflacionarias y obligó a la salida de dos presidentes del Banco Central. El escenario político generó nuevas zozobras y dos devaluaciones más, que hicieron que Macri entregue su gobierno con un dólar a 62 pesos y peor aún, con un cepo, en una clara señal de claudicación.

Al asumir Fernández, el inconveniente fue el mismo. Y si bien la inflación devino menor por el enfriamiento de la economía a causa de la pandemia, la salida de dólares en los últimos meses tuvo niveles impresionantes. Esto obligó al Gobierno a tomar una decisión. O cerraba el cepo, al estilo Cristina, o devaluaba masivamente. Allí se vio la audacia de una administración, hasta ahora, más caracterizada por la mesura y cierta falta de decisión en la toma de algunas decisiones. Tomar la segunda de las opciones era la más simple: había menos costo político, la demanda de dólares se encarecía por estar estos más caros, pero abría lugar a una alta inflación y sobre todo, mucha más pobreza.

El presidente decidió apostar por un misil teledirigido. Fue directo hacia la clase media, al imponer más restricciones al cepo, agregarle un impuesto y sumar al mismo a gran parte de los consumos de este sector. Y sumó medidas en relación a las grandes empresas, otras de las grandes compradoras de dólares. El costo político fue notorio: hasta muchos de sus votantes urbanos lo cuestionaron, y los medios replicaron constantemente la idea de devaluación. Un concepto bastante insólito: como si el tipo de cambio hubiese sufrido alteraciones. Y pusieron las luces en un aumento desproporocionado del dólar ilegal, que por otro lado no se dio.

La audacia de la medida está en que evitó llevar a cabo una megadevaluación y "salvó" a los sectores más débiles de sufrir en forma igual el impacto que hubiese esto tenido. Si bien no quedan indemnes de que alguna parte de la economía sienta las repercusiones (más simbólicas y especuladoras que reales) del endurecimiento del cepo, evitó una suba desproporcionada de precios.

En definitiva, compró costo político con un sector con mucho alcance en los medios y los sectores urbanos (que por otro lado, son los que menos lo votan). Pero ganó en reducir los daños colaterales en la franja  más postergada, mientras busca reactivar gran parte de la economía. El saldo de las primeras jornadas, con un dólar ilegal sin moverse demasiado y los precios casi sin variaciones, muestran por ahora un signo positivo. La gran incertidumbre será en el nuevo mes. El gobierno deberá estar para ello nuevamente alerta.

 

Por Mateo Lazcano

 

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