Domingo, 13 Septiembre 2020 20:05

Semana política: mover las fichas

La semana que finaliza fue la de mayor voltaje político desde que comenzó la pandemia y probablemente, una de las que más intensidad tuvo en este 2020. Si bien hubo otras en las que se dieron debates parlamentarios o discusiones públicas, los días pasados provocaron cambios en el tablero político, y como sucede muchas veces en la política, la sorpresa fue un factor indispensable para lograrlo.

En pocas horas, la protesta de la Policía Bonaerense, que comenzó tibia y con un reclamo salarial puntual, se transformó en una escalada peligrosa, que excedió el motivo original para transformarse en otra manifestación opositora. Así, se replicó el modelo que tienen los cuestionamientos de distintos sectores al kirchnerismo: se vieron dirigentes políticos acercarse a apoyar los planteos, se los fogoneó desde los medios de comunicación, y quedó clara la falta de voluntad de solucionar el problema con el correr de las horas de parte de los demandantes.

Con la diferencia de que quienes manifestaban pertenecían a fuerzas de seguridad insubordinadas, en un abierto desafío al ministro Sergio Berni. Y con el fantasma de la salida de Evo Morales, que comenzó exactamente de esa forma, rondando.

El gobierno, primero confundido y sorprendido (en un error de falta de lectura notable), cambió la estrategia el miércoles y pudo tomar las riendas del conflicto. En un gesto poco usual, funcionarios nacionales salieron a la Quinta de Olivos a invitar a los policías que reclamaban a reunirse con el Presidente. Su negativa deslegitimó el reclamo y los hizo perder peso, al tiempo que mostró a un Alberto Fernández con voluntad de no esconderse ante estos conflictos.

A eso se le sumó el error táctico de los manifestantes que rondaron la residencia presidencial, en un gesto interpretado sin vueltas como sedicioso y condenado en forma casi unánime por las fuerzas políticas. Envalentonado, el Gobierno decidió dar el golpe político de la semana. Sorpresivamente, anunció el recorte de parte de la coparticipación que le gira a la Ciudad de Buenos Aires después de una decisión de Mauricio Macri. La decisión era esperada y anunciada; el momento, rodeado por el irresuelto reclamo policial, y en buena relación con Horacio Rodríguez Larreta, no estaba en los planes de nadie.

Fernández mostró, como en pocas veces en lo que va de su gobierno, que él tiene el poder. Y que pese a su personalidad propicia al diálogo y a evitar decisiones inconsultas (un estilo más parecido al de Cristina, o los líderes llamados “populistas”), se guarda distintas cartas para golpear al enemigo en los momentos necesarios. Así, descolocó a Rodríguez Larreta, como lo había hecho antes con Clarín al anunciar el DNU sobre las empresas de comunicaciones.

Acertadamente, el jefe de Gobierno dejó pasar la calentura y guardó silencio hasta la siguiente jornada. La respuesta fue correcta en términos políticos, y lo instaló como nunca como referente nacional, pero mostró las limitaciones de su discurso. Muy abocado a la coyuntura de la Ciudad, no pudo escapar a la categoría de “alcalde”, con la que será difícil entrar en sectores lejanos al ámbito porteño. Y lo obligó a mostrarse de un modo que no es al que está acostumbrado: el enojo y el tono enfático. Tampoco ayudó la decisión de mostrarse con su equipo de  gestión, mientras el Gobierno mostraba el aval de 19 gobernadores.

Aún así, Fernández aceleró un hecho que tarde o temprano tenía que darse:  la consolidación de Larreta como referente de Juntos por el Cambio. Para la alianza opositora, el discurso del jefe de Gobierno marcó una nueva era: la UCR y la Coalición Cívica, junto a las grandes figuras del PRO, y hasta los aliados larretistas, se encolumnaron detrás de su figura.

Sin embargo, un actor clave guardó silencio hasta este domingo. Mauricio Macri, con 10 millones de votos en sus espaldas, no emitió opinión sobre la medida de Fernández y la respuesta de su predecesor en la Ciudad. Lo hizo recién en esta jornada con un mensaje con pocas definiciones y muchas generalidades. Las semanas posteriores podrán dar más indicios de si ello implica un aval para dejarlo correr o un gesto para mostrar que Larreta no tiene el apoyo completo. La estrategia, sin embargo, tiene un límite: tarde o temprano, estará obligado a mostrar las cartas.

 

Mateo Lazcano

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