Martes, 09 Julio 2019 09:01

9 de julio. Cumple la patria, cumple Mercedes Sosa

Mercedes Sosa no interpretaba canciones “bonitas”, ni era una artista “interesante”, La Negra era el río musical del dolor del destierro de los Quilmes, de los niños en los basurales, de Mariano Moreno flotando en el mar, de los que fueron avergonzados en la escuela por hablar “idioma de indios”, de tantas injusticias que este continente ha acumulado durante siglos en los arrabales de su silencio.

Su arte no acababa en los discos y escenarios. De hecho allí comenzaba, como el Martín Fierro que trascendió el libro y era cantado de memoria por los gauchos analfabetos, acompañado por guitarras matreras. Del mismo modo las canciones de esta tucumana universal consiguieron hacerse ángel guardián de la gente, pero no el ángel indiferente y distante de los templos donde Dios siempre está ausente; más bien el ángel errante del pueblo, ángel hermano del exiliado, del que se quedó en medio de la matanza de la triple A y la dictadura, del pibe que fue enviado a Malvinas, del que le dio la bienvenida a la democracia, del que luchó contra el indulto, del que se quedó sin trenes siendo de la familia ferroviaria y del que se quedó sin YPF siendo de la familia ypefiana; de la villerita que tuvo que prostituirse; de esa minoría tucumana que le dijo “no” al genocida Antonio Domingo Bussi, entre tantos “sí” de los “dormidos”. En esa época del Bussi gobernador (1995-1999), Mercedes cantaba “A Monteros” o “Al Jardín de la República” y a mitad de estas zambas decía: “¡Viva Tucumán... menos uno!”. La Negra consiguió además ser el rostro de todas las madres solteras, esas “urpilitas perdidas”, que apenas parían eran echadas de las pensiones, como a ella le ocurrió “...pareciera que los chicos ricos no molestan pero los chicos pobres sí molestan...” y también Mercedes fue todas las mujeres que tuvieron que abortar clandestinamente como ella, empujada por el drama y la desesperación, tuvo que hacerlo. Mercedes Sosa reconstruyó al pueblo en sus canciones, un pueblo que estaba oculto y disperso, un pueblo que se desconocía, tanto que su cultura oficial había elegido que las palabras iniciales de su primera película sonora, dijeran: Buenos Aires; una sociedad que en su inconsciente colectivo denominaba “interior” a las provincias, un pueblo al que La Negra le acercara: Una esperanza como el canto mío.

Alguien que tenía el mismo destino que su país, debía nacer en la misma fecha y el mismo lugar que su patria. Pero además del conmovedor dato de su nacimiento un 9 de julio en Tucumán, no es menos emocionante saber que fue en 1935, el mismo año en que muriera Carlos Gardel, y si coincidimos en que su camino cultural y humano fue como el de la Argentina, debemos señalar que su trayectoria consiguió alcanzar a la del zorzal criollo. Sólo las voces de Carlos Gardel y Mercedes Sosa llevaron a la canción argentina a lugares tan lejanos, haciéndola cercana a otros pueblos. Aunque a diferencia de Gardel, Mercedes logró brindarle al mundo un repertorio pleno de conciencia social, y pintó las pequeñas aldeas de acá, despertando la empatía de las pequeñas aldeas de allá. Ya sabemos de las estatuas de Gardel en diversas ciudades del mundo; ahora nos enteramos de que hace poco inauguraron en el aeropuerto de Cali un mural que retrata a Frida Kalo, Gabriel García Márquez y Mercedes Sosa. Este lugar que los reúne, es de los que trascienden la historia y se transforman en símbolo. Ninguno de ellos podría ser considerado “latino” como llaman a los edulcorados artistas modelados por Miami, ellos eran latinoamericanos, con todas las letras, hijos de las “penas extraordinarias” de la América descalza. No hay una canción que haya grabado Mercedes Sosa, que no esté profundamente comprometida con la vida: “Yo me niego a que llamen a estas canciones, canciones de protesta, son canciones de amor, de amor a mi pueblo”.

Fragmento de "Mercedes Sosa, río de identidad y belleza" del libro "El Tahiel, el canto interior de la Argentina" de Pedro Patzer ( Editorial Lenguamadre)

 

LENGUAMADRE: 1165638696

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Disponible en la Librería Sudestada, Tucumán 1533, CABA.

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