Domingo, 19 Mayo 2019 19:55

Sacudió el tablero

Y vendrán nuevos terremotos pre electorales. Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidente y principal dirigente opositor en términos de intención de voto, anunció sorpresivamente su decisión de ser apenas la compañera de fórmula de Alberto Fernández. 

La noticia rompe todo el escenario previsto entre opositores y oficialistas. Que Cristina no tenía ganas de ser candidata era algo que se decía. Las últimas señales lo desmentían como la presentación del libro "Sinceramente", rodeada de militantes o su reaparición en el PJ, donde pidió dejar de lado egos y candidaturas de marketing, para centrarse en el único gran objetivo: ganarle a Macri. Nadie leyó que era a tono personal. La primera gran definición electoral genera entones un mapa completamente nuevo, lleno de interrogantes.

 

Si Alberto Fernández encabeza la fórmula, será quien deberá –entre otras cosas- enfrentar a Macri en los debates. ¿Se romperá la polarización y la grieta que marcó la política en los últimos 10 años? Si Macri resistía como candidato para ser la contracara del kirchnerismo, ¿volverá a crecer el clamor por María Eugenia Vidal en la boleta nacional? ¿Gana o pierde el espacio de Alternativa Federal, con Lavagna y Pichetto? ¿Qué va a hacer Sergio Massa?

Agustín Rossi y Daniel Scioli, dos de los presidenciables del kirchnerismo, se mostraron felices por la noticia. ¿Declinarán su postulación o competirán en internas? ¿Y Felipe Solá? estos y más fueron algunos de los primeros interrogantes que surgieron. Ya han comenzado a dibujarse algunas respuestas.

 

Con la fórmula nacional definida, resta aún elegir el otro casillero decisivo: el de gobernador bonaerense. Ayer, los intendentes pidieron a uno de ellos en un encuentro con Máximo Kirchner. ¿Crecen las chances de Axel Kicillof, que es quien más fideliza los votos de Cristina? ¿Elegirá ella o Alberto Fernández?

 

El anuncio de la ex mandataria llegó, además, días antes de inicio del primer juicio oral en su contra. Fue la primera en confirmar su lugar, en un tablero todavía pleno de incertidumbres y humo. No obligó al resto a esperarla.

 

Si se suma que, en nombre de la unidad, prácticamente no hubo candidatos kirchneristas en las provincias, el cuadro adquiere otro color. Para una mujer que atribuye alto valor simbólico a las fechas, comunicó su decisión una semana antes del 25 de mayo, que en el kirchnerismo representa más la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia que la revolución de Mayo. Su propio renunciamiento histórico.

 

Ahora, Fernández deberá demostrar que representa al kirchnerismo de Néstor, ese que nadie cuestiona por sus logros económicos, y no al de Cristina. Deberá reconquistar también al resto del peronismo. Su buena relación con Sergio Massa y su perfil de negociador (siempre fue un operador, un gestor y no un líder) lo habrían posicionado como el elegido de CFK.

 

La sinuosa relación propia con su compañera de fórmula podría ser la llave para cerrar esa jugada. Los que no querían ir detrás de Cristina podrían ir detrás de Alberto, siempre y cuando él logre imponerse en una PASO.

Fernández rompió con el kirchnerismo antes que nadie, allá por el 2009, cuando la disputa por las retenciones se transformaba en una guerra que abría la puerta a la polarización extrema y a un sinfín de batallas con sectores de poder que incluyeron al agro, a los medios, a gobiernos extranjeros y hasta a un sector de la CGT.

 

Volver a Alberto Fernández sería volver a ese primer esquema de la “transversalidad” que definió en su momento el armado de Néstor Kirchner, asociado a los grandes poderes (medios, empresarios) pero también con una firme alianza con quienes controlaban la calle.

 

La única certeza es que ya nada será igual, y que la batalla política “por el alma del país”, como la definió semanas atrás Marcos Peña, comenzó con una jugada sorpresiva y revolucionó el año.

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