Marisa Passeron continúa con su búsqueda

Lunes, 28 Noviembre 2016 11:14

La mujer se enteró que era adoptada e intenta encontrar a su familia de origen en el distrito.

Dicen que siempre está bueno volver a las raíces. Para eso, uno tiene que conocerlas en profundidad. Y ese no es el caso particular de Marisa Passeron, una mujer de 56 años, que hace tres años se enteró que era adoptada y que había nacido en Santos Lugares. Desde ese momento, comenzó la búsqueda insaciable de su identidad.

 

“Una amiga a la que yo llamaba tía me contó sobre mi adopción. Como es muy mayor, no quería llevarse el secreto con ella”, dijo Marisa a N3F, en el comienzo de su relato, emotivo y lleno de incertidumbre, algo que está presente constantemente desde que conoció esa noticia que cambió su vida para siempre.

 

El 7 de octubre de 1959 no fue uno más en su historia: ese día se dio su nacimiento en la calle Rodríguez Peña 1365, en la localidad de Santos Lugares. Su parto fue asistido por Irene Rodríguez De Fortuna y los testigos que firmaron la partida de nacimiento fueron el Sr. Primo Miguel Bisagno y el Sr. ACI, ambos radicados en el barrio mencionado.

 

Según los datos que le comentaron a ella, su mamá biológica la tuvo aproximadamente a los 15 años y, apenas nació, llamaron para que la retiraran. Desde ese momento, su familia adoptiva la fue a buscar. Hasta esa casa, se trasladaron sus padres, tía y prima. Esta última persona, fue la que, luego, le contó que la que la entregó debería ser su abuela biológica porque era una señora mayor y lloraba mucho.

 

Un álbum de recuerdos de su bautismo trajo más detalles sobre estos inicios de su vida. Allí, ella siempre observó unas firmas, pero nunca pensó que iban a servir para detectar otra información importante: unas de esas tantas coinciden con las de los testigos de su nacimiento. “Durante mi infancia, parece que hubo algún acercamiento, pero no llegaron a mí. El Sr. Bisagno tuvo un seguimiento mío hasta el año de edad porque asistió a ese festejo”, sostuvo.

 

 

 

“Lo primero que sentí y dije cuando me enteré esto fue que había vivido en una mentira”, expresó conmovida. Las personas que siempre la rodearon, en quien ella depositó la confianza y el cariño, nunca le contaron la verdad. Mantuvieron este secreto bajo llave. Y Marisa, durante un tiempo de su niñez, sospechó y le preguntó a su mamá si era adoptada. Algo le hacía ruido y estaba relacionado con los años que tenían sus padres. “Eran muy grandes para tener una hija de mi edad”, afirmó. Pero con el tiempo se fue convenciendo de que eran sus papás y nunca más dudó.

 

A pesar de esta problemática, Marisa considera que tuvo una linda infancia, que la compartió con una familia que la quiso y le dio todo. Ahora, formó una excelente familia. Pero esa sensación de vacío, de que algo falta para poder completar una parte de la historia siempre está presente. “Pienso que mi mamá capaz está viva todavía y que tendría cerca de los 72/75 años. Seguro que tengo hermanos/as. Me gustaría conocerlos, no para reprochar ni reclamar, simplemente para saber de dónde vengo y decirles que estoy bien”, aseveró.

 

Estos sentimientos encontrados hicieron que ella comenzara una incansable búsqueda que la llevó a ilusionarse una vez con una posibilidad concreta que se le presentó. Hace unos meses, un muchacho de Sáenz Peña la contactó porque en su familia estaban buscando a un hermano o hermana que su mamá había tenido de soltera y que había sido dado en adopción por su abuela. Esta mujer, había buscado a su hija perdida durante toda su vida.

 

“Nuestras historias coincidían bastante, pero diferían en la edad de las madres, según lo que podíamos armar”, agregó Marisa. Debido a la ilusión que tenían, dejaron ese detalle de lado y decidieron realizarse un análisis de ADN. Luego de días de espera y ansiedad, el momento de observar los resultados había llegado: la desazón y la angustia por el negativo que se leyó en ese papel invadió a estas personas. “¡Fue una desilusión muy grande! Ellos estaban convencidos de que yo era esa hermana perdida”, comentó.

 

Ese duro golpe al corazón no hizo que Marisa bajara los brazos. Por eso, continúa con su búsqueda personal. Un camino que ella espera, y desea, que termine con un final feliz: pudiendo escribir las primeras páginas de su historia de vida. Para eso, solicita que si alguien conoce algún dato que pueda aportarle o encuentra alguna similitud con su relato, se contacte con ella a través del mail Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o por Facebook a Marisa Passeron.

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