Martes, 23 Julio 2019 12:30

Feliz cumpleaños Diego Cagliero

Hoy Diego Cagliero cumpliría 31 años, quien muriera en manos de la Policía en mayo pasado. Su comunidad exige el esclarecimiento del hecho y pide justicia. Su hermana Yamila, le dedica estas palabras en las redes.

 Mi nombre es Yamila, soy hermana de Diego. Pido disculpas a la familia y amigos si escribo este relato en primera persona, pero existe una experiencia intransferible que me gustaría plasmar en esta página un día como hoy.
Hace 31 años nació mi primer hermano, Diego Raúl Sebastián. Le tocó tener tres nombres porque los miembros de la familia éramos tres: yo le puse Diego por un amiguito mío del jardín, mi papá insistió con Raúl, el nombre familiar, y mamá eligió Sebastián.
El día que Diego llegó a casa lo recuerdo muy bien, casi todos los detalles están muy presentes en mi memoria, aunque apenas tenía 4 años. Recuerdo el portón verde de la casa de los abuelos abierta de par en par y a un señor desconocido parado en la puerta. Recuerdo el grito de la abuela: “Yami, ¡llegó tu hermanito!”, o algo así. Recuerdo haber corrido hacia la puerta y pararme al lado del hombre desconocido, que resulta que no era un desconocido, sino que era mi papá que se había afeitado el bigote que estaba de moda lucir en esa época porque había hecho una promesa de afeitarse cuando tuviera un hijo. Hubo abrazos y besos.

La primera vez que nos encontramos, Diego era muy chiquito porque había nacido ochomesino, se nota que ni antes de nacer se bancaba estar encerrado. Cuando lloraba se arrugaba todo, parecía uno de esos perritos tan de moda. Casi no tenía pelo y todavía tenía los ojos oscuros. Era tan rubio que no tenía pestañas ni cejas, de ahí el eterno apodo de “Ceji” o “Cejito” (que después se deformó a “Segi” también). No recuerdo haberlo escuchado gritar ni nada de eso, era sumamente bueno y tranquilo.
A partir de ahí, la vida y 30 cumpleaños; la mayoría la pasamos juntos (debo admitir que un par me perdí, sobre todo desde que la familia se disolvió y me escapé del barrio).

Acompañan a este relato dos fotografías, una de su cumpleaños número 4, esa foto me la mandó hace unos días Sofi, su novia, porque Diego se la había regalado; ahí se lo ve con la generosidad que lo caracterizaba, dejando el centro de la mesa para que su primita Aixa tomara el protagonismo. La segunda foto se la saqué este mismo día, un año atrás.

Esa semana de 2018 arreglamos lo que íbamos a hacer para su cumple, nos invitó a ir a la casa de mi viejo a cenar. Aunque en esa época yo no sacaba a León tan tarde, fuimos igual. Y así festejamos en familia: Diegui, papá, Paula, Martín, León y yo (mi vieja recibió fotos por WhatsApp porque con ella iba a festejar al día siguiente). Comimos guiso de lentejas. Mi viejo le compró su torta preferida, de la pastelería “Aída y Adriana” de Hurlingham. Le cantamos el “Feliz Cumpleaños” y apagó las velas con su sobrino a upa.
En un momento de la noche yo le dije “¿No vas a salir?, esto es un embole para vos”, pensando siempre en cuánto le gustaba a Diego estar callejeando con sus amigos. Recuerdo bien su respuesta: “No boba, si yo lo que quería era que vengan ustedes”.

Agradezco mucho haber ido, haber estado; y agradezco también esa respuesta, porque se quedará siempre en mi memoria y en mi corazón ese espíritu generoso y compañero que mi hermano tenía hacia mí, sin importar el tiempo ni la distancia. Espíritu que trasciende su presencia física y que forma parte de mi historia y de mi propia identidad.

No sé si Diego pedía tres deseos, si los pidió estoy segura de que dos se le cumplieron, se llaman Sofía y Camilo. Espero con mi corazón que el otro también se le haya cumplido.

Y aunque la injusticia haya logrado revertir el reloj, provocando que ya no contemos los años por venir, sino que restemos los años que nos quedan sin tu presencia; esos 30 cumpleaños que pasamos juntos no pueden más que arrebatarme una sonrisa, la misma que vos tenés en mi memoria y en esta foto.

Hoy te digo, y todos te decimos, ¡Feliz cumple, Dieguito!

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